Sinología: El avance de China y la evolución del comercio internacional en Brasil

Uno de los aspectos que más destacan los expertos en las relaciones comerciales entre Latinoamérica y China es la necesidad de América Latina de diversificar sus exportaciones, cambiando el modelo tradicional que se centra en vender únicamente productos primarios. Para esto, muchos países, como Costa Rica, Perú y Brasil, están apostando a un comercio con China que incluya productos de valor agregado, productos terminados y alta tecnología. En los últimos años, Brasil aumentó la exportación de materias primas a China –como la mayoría de los países latinoamericanos que tienen relaciones con ese país-, pero también enfrenta el reto de exportar más bienes tecnológicos de alta calidad de los que importa.

En general, las exportaciones brasileñas a China alcanzaron en el tercer trimestre del año pasado los 7,9 mil millones de dólares, según el Portal Brasileño de Comercio Exterior. Y, aunque la participación en el mercado global de las exportaciones brasileñas de productos de alto contenido tecnológico llegó a crecer más del doble en trece años: de 0,21% en 1994 a 0,48% en 2007; los expertos aseguran que el balance podría ser mucho mejor.

En el texto El avance de China y la evolución del comercio internacional en Brasil se analiza el contenido tecnológico de cada producto, el flujo del intercambio comercial entre Brasil y China y la posibilidad de que el crecimiento de China implique una “desindustrialización de las exportaciones brasileñas”. Además, se observa que Brasil exporta cada vez más productos con menor contenido tecnológico a China e importa cada vez más bienes con mayor contenido tecnológico.

El avance de China y la evolución del comercio internacional en Brasil

Brasil tiene ventajas comparativas en la producción de productos primarios, mientras que China las tiene en la producción de bienes manufacturados. En esta sección, se investigan formalmente los productos respecto de los que Brasil y China presentan ventajas comparativas.

Para ello, utilizamos el indicador de ventaja comparativa revelada de la base de datos CHELEM, que permite comparar las exportaciones netas de cada producto con las exportaciones totales del país ponderadas por la participación del producto en el comercio mundial.

Por diseño, un valor positivo para un producto determinado implica una especialización y, por lo tanto, una ventaja comparativa para ese producto (que será más alta cuanto más alto sea su valor). Por consiguiente, un valor negativo implica la ausencia de ventajas comparativas. Todos los índices suman cero.

Los principales sectores en los que Brasil presenta ventajas comparativas son aquellos que se relacionan con los productos primarios y que, de hecho, son los que presentaban ventajas comparativas ya en 1994. Así como durante estos trece años el país fortaleció sus ventajas en estos sectores, profundizó sus desventajas en aquellos sectores que ya en 1994 eran menos competitivos. Cabría esperar una mayor dispersión de las ventajas comparativas dado el proceso de apertura que Brasil atravesó durante el período analizado.

Al examinar el caso chino, se verifica el mismo tipo de situación, es decir, una mayor dispersión de las ventajas comparativas entre sectores. Probablemente el principal motor de este movimiento haya sido la apertura de la economía china. No obstante, en el caso de China, los sectores con mayor ventaja comparativa son los relacionados con las manufacturas.

Por otra parte, es evidente su falta de ventajas cuando se trata de sectores basados en los recursos naturales. La cantidad de sectores en los que ambos países presentan ventajas comparativas se redujo a partir de 1994. En el 2007 fue evidente que la cantidad de sectores en la zona “sí-sí” es menor que en 1994. La cantidad de sectores en la zona “sí-no” es mucho mayor en 2007 que en 1994, lo que indica un alto y creciente nivel de complementariedad.

Aprovechando la dimensión tecnológica de nuestro conjunto de datos, calculamos el índice de ventaja comparativa revelada en función de los grupos tecnológicos (y no de los sectores o productos). De acuerdo con los resultados Brasil tiene ventajas en los segmentos de productos primarios y productos basados en los recursos naturales y, secundariamente, en los productos de baja tecnología. Los datos sobre China confirman su complementariedad con Brasil, ya que indican que China tiene ventajas en la producción de manufacturas (de baja y alta tecnología) y desventajas en los grupos de productos primarios y de aquellos basados en recursos naturales. Estos datos también muestran que, a pesar de esta complementariedad general, Brasil y China compiten en el mercado de los productos de bajo contenido tecnológico.

Por último, con el fin de medir el grado general de complementariedad entre Brasil y China, usamos dos indicadores que son estándares en la literatura sobre comercio internacional.

El primero, denominado “coeficiente de especialización”, abarca de 0 a 1. Es igual a 1 cuando no existe complementariedad entre las exportaciones generales de ambos países y es igual a 0 cuando existe una complementariedad perfecta entre las exportaciones generales de los países analizados (Véase Blásquez-Lidoy).

En el caso del comercio entre Brasil y China, este coeficiente fue 0,27 en 2007, lo que confirma que el grado de complementariedad entre ambos países es alto. El mismo indicador fue 0,25 en 1997.

El segundo indicador que analizamos es el índice de complementariedad, que compara el perfil exportador de un determinado país con el perfil importador de otro país. El índice se acerca a 0 cuando un país no exporta los mismos productos importados por el otro. Es mayor que 1 cuando hay complementariedad entre las exportaciones de un país y las importaciones del otro. Por consiguiente, la complementariedad es mayor cuando el índice de complementariedad comercial es más alto (Véase Anderson y Nordheim, 1993).

En 2007, el índice de complementariedad entre Brasil y China fue 1,14, lo que indica que estos países son comercialmente complementarios, el mismo resultado alcanzado con el análisis del coeficiente de especialización.

Brasil y China compiten en un conjunto de productos manufacturados, si bien sus estructuras comerciales presentan una complementariedad general. El estímulo que China representa para las exportaciones de productos primarios de Brasil así como la competencia que el país asiático impone en los mercados de productos manufacturados despiertan preocupación respecto de la excesiva especialización en productos primarios que ello supone para las exportaciones brasileñas y de la desindustrialización de sus ventas en el exterior.

Para comprobar si esto es lo que ha sucedido en los últimos años, analizamos el desempeño de las exportaciones brasileñas en los mercados extranjeros.

En la consecución de este objetivo, nos valemos de las dimensiones del componente tecnológico y de la calidad de nuestros datos. La participación total de las exportaciones brasileñas en el mercado global aumentó tímidamente de 1,11% en 1994 a 1,21% en 2007. Si se analiza por regiones, la participación de las exportaciones destinadas a Estados Unidos, Europa y Asia (excepto China) disminuyó, mientras que la participación de las exportaciones totales de Brasil a América Latina, China y el resto del mundo creció.

Al evaluar la dimensión tecnológica de los datos, la participación de las exportaciones de productos primarios brasileños en el mercado mundial aumentó de 3,26% a 5,24% en el período 1994-2007, principalmente debido a una mayor participación de los productos primarios en las exportaciones de Brasil a China, que pasó de 1,05% a 9,38%.

A pesar de que se registró un crecimiento significativo de los volúmenes exportados, el aumento de los precios de los productos primarios también podría explicar tal incremento. Las exportaciones brasileñas de productos de alto contenido tecnológico también aumentaron sustancialmente su participación en el mercado global, aunque todavía siguen siendo pequeñas.

En términos más precisos, la participación en el mercado global de las exportaciones brasileñas de productos de alto contenido tecnológico llegó a crecer más del doble: de 0,21% en 1994 a 0,48% en 2007. Más aún, el incremento de esa participación también se registró en los mercados más importantes de las exportaciones brasileñas, es decir, Europa, América Latina y Estados Unidos. En cuanto a las otras categorías tecnológicas, la participación en el mercado mundial de los productos de tecnología media y de aquellos basados en recursos naturales permaneció básicamente estable, mientras que la participación de las exportaciones de productos de baja tecnología fue la que más cayó: de 0,99% en 1994 a 0,77% en 2007.

Por consiguiente, las principales conclusiones derivadas del análisis de la dimensión tecnológica del comercio brasileño en el período comprendido entre 1994 y 2007 son que los grupos conformados por los productos primarios y los de alta tecnología han ido ganando terreno en el mercado internacional, mientras que la exportación de productos de baja tecnología ha ido perdiendo participación en el mercado.

Las exportaciones de productos primarios a China se encuentran claramente rezagadas si se comparan con la expansión general observada en el grupo de los productos primarios (los incentivos derivados de los crecientes precios de los productos primarios son también responsables de este resultado, pero la tendencia alcista de los precios de los productos primarios también parece, hasta cierto punto, una consecuencia del crecimiento de China).

La expansión de la exportación de productos de alto contenido tecnológico y la caída en las ventas al exterior de los bienes de baja tecnología parecen relacionarse con la feroz competencia de los productos chinos de baja tecnología, lo que podría haber contribuido a llevar las exportaciones brasileñas hacia grupos con mayor contenido tecnológico. De todos modos, este desplazamiento hacia las exportaciones más tecnológicas se contrapone a lo sugerido en otras publicaciones. En cuanto a la dimensión de la calidad de los productos exportados, cabe señalar que la exportación de productos brasileños de alta calidad aumentó de 18% a 21% en el período 1994-2007, mientras que la participación de las exportaciones de calidad media en el total de las exportaciones brasileñas permaneció estable en 38% y la de los bienes de baja calidad cayó a 42%.

De todos los grupos en que se clasifican los productos según su calidad, el que exhibió mayor crecimiento en su participación en el mercado global fue el de los productos de alta calidad. En 1994, la participación de la exportación de estos productos brasileños de alta calidad en los mercados extranjeros fue de 0,69%, mientras que en 2007 aumentó a 0,80%. La participación de las exportaciones de productos de calidad media en los mercados extranjeros aumentó menos en el mismo período: de 1,21% a 1,28%. Por otra parte, la exportación de productos brasileños de baja calidad perdió terreno en el mercado global: en 1994, su participación fue del 1,66%; en 2007, se redujo al 1,6%.

Estos datos generales sobre el aumento de la participación de las exportaciones en el mercado de los productos de alta calidad y sobre su caída en el de los productos de baja calidad son coincidentes con los observados para América Latina, Europa y Estados Unidos. Este resultado es congruente con las conclusiones del análisis de la dimensión tecnológica.

Desde 1994 hasta 2007, mientras China se convertía en un gigante en el escenario del comercio mundial, Brasil logró incrementar significativamente la participación en el mercado mundial de sus productos con mayor contenido tecnológico y de mejor calidad. Por otra parte, los bienes de baja tecnología y baja calidad perdieron terreno en los mercados globales. Vale la pena señalar que este desplazamiento en favor de los productos de mayor contenido tecnológico y mejor calidad tuvo lugar especialmente en los mercados que son centrales para las exportaciones brasileñas: Europa, América Latina y Estados Unidos.

Estos datos debilitan la posición de quienes sostienen que el avance de China implicaría una desindustrialización de las exportaciones brasileñas y, a la vez, refuerza la importancia de continuar investigando el tema del impacto de China en Brasil. Brasil y China vienen atravesando, en los últimos años, un proceso de integración económica que se basa en la apertura de sus economías, en la fortaleza de su demanda interna y en sus dotaciones complementarias de factores productivos.

A pesar de cierta competencia en algunos bienes manufacturados, Brasil y China exhiben en general una complementariedad comercial. Brasil se ha beneficiado considerablemente de esta complementariedad dado que la exportación de sus productos primarios a China ha permitido la expansión de las exportaciones totales de Brasil. Por otra parte, las crecientes importaciones procedentes de China podrían haber contribuido a mejorar la competitividad de las exportaciones de Brasil por el efecto precio, puesto que, en los últimos años, la importación de productos intermedios y de bienes de capital procedentes de China fue más dinámica que a importación de bienes de consumo. Por último, contrariamente a lo que muchos esperaban, Brasil logró aumentar su participación en los mercados de productos de alta calidad y alto contenido tecnológico.

Esta última constatación prueba que tal vez eran exageradas las preocupaciones acerca de una posible desindustrialización de las exportaciones brasileñas. También resultaron infundadas las preocupaciones acerca de la posibilidad de que los flujos de inversión extranjera directa se trasladaran de muchos países emergentes -incluido Brasil- a China.

La evidencia acumulada en los últimos años demuestra que China logró atraer grandes flujos de capital sin desviar flujos de inversión destinados a Brasil. Si bien estos resultados no significan que a futuro deban desatenderse los desafíos que este tipo de integración económica implica, deben servir para evitar reacciones por demás alarmistas respecto de otros procesos de integración económica que puedan darse en el futuro.

Para seguir leyendo acá.

*Enestor do Santos es economista en la Unidad de Economías Emergentes de la BBVA Research.

**Soledad Zignago es economista Senior del Servicio de Estudios Macroeconómicos del Banque de France

Este texto fue publicado en la revista del Instituto para la Integración de América y el Caribe, del Banco Interamericano de Desarrollo en el segundo semestre de 2012

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